AIF vs FIFPRO:
¿una nueva era de representación de l@s futbolistas… o una fragmentación estratégica?
Gianni Infantino: actual presidente de la FIFA
La creación de la Asociación Internacional de Futbolistas (AIF) abre un nuevo capítulo en la disputa por una pregunta clave en el fútbol mundial: ¿Quién tiene legitimidad para hablar en nombre de l@s futbolistas?
Para entender la dimensión de este debate, también es importante recordar quién es FIFPRO. Fundada en Paris en 1965, FIFPRO se ha consolidado durante décadas como la organización internacional que representa a los futbolistas profesionales a través de sindicatos nacionales. Hoy agrupa a más de 70 asociaciones y representa a decenas de miles de jugadores en todo el mundo, participando activamente en debates clave sobre condiciones laborales, calendario internacional y protección de derechos; y cuenta además con una estructura financiera significativa.
La nueva organización (AIF) fue presentada la semana pasada en Madrid bajo el liderazgo de David Aganzo, presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE) y expresidente de FIFPRO, junto con representantes de sindicatos de España, México, Brasil y Suiza. Según sus promotores, AIF nace con la intención de representar a más de 30,000 futbolistas y generar un diálogo más directo con organismos como FIFA, UEFA, CONMEBOL y CONCACAF.
Hasta ahí, nada impide que una nueva asociación internacional sea creada. En principio, la libertad de asociación forma parte de cualquier sistema democrático y laboral sano. El problema no es la existencia de AIF. El problema es el contexto en el que nace, el momento en que aparece y el uso político-institucional que podría llegar a tener.
FIFPRO reaccionó con dureza, de hecho, en un comunicado sostuvo que esta nueva iniciativa carece de legitimidad fundamental para representar globalmente a l@s futbolistas profesionales y que estaría impulsada por motivos personales más que por un mandato real de jugador@s alrededor del mundo. FIFPRO también recordó que su representación se sostiene en 70 asociaciones nacionales y más de 60,000 futbolistas, además de su reconocimiento por instituciones como la Unión Europea y la Organización Internacional del Trabajo.
El punto más delicado es que esta creación ocurre en medio de una relación cada vez más tensa entre FIFA y FIFPRO.
En esa misma línea, no pasa desapercibido que David Aganzo fue invitado a una reunión organizada por FIFA en Marruecos en diciembre pasado, donde, según se informó, se habría alcanzado un “consenso” sobre diversos temas relacionados con el bienestar de los futbolistas. Este tipo de acercamientos plantea varias preguntas; entre ellas, si ese “consenso” refleja realmente la voz colectiva de los jugadores… o la construcción de “nuevos canales de diálogo” más alineados con los órganos de gobierno.
FIFPRO ha cuestionado públicamente la expansión del calendario internacional, la carga de partidos y la falta de consulta efectiva a los jugadores. De hecho, FIFPRO Europa y European Leagues presentaron una queja ante la Comisión Europea contra FIFA por asuntos relacionados con gobernanza y consulta sobre el calendario internacional.
Enzo Maresca, entrenador principal del Chelsea FC, levanta el trofeo de la FIFA Club World Cup tras la victoria de su equipo en la final del Mundial de Clubes de la FIFA 2025 frente al Paris Saint-Germain, disputada en el MetLife Stadium el 13 de julio de 2025 en East Rutherford, Nueva Jersey. (Foto: Buda Mendes/Getty Images)
Por su parte, FIFA también ha elevado el tono contra FIFPRO. En 2025, FIFA pidió públicamente que FIFPRO publicara sus estatutos, reportes financieros completos, fuentes de ingresos y detalles sobre derechos de imagen e ingresos regionales, en una ofensiva institucional bajo el argumento de transparencia y buena gobernanza.
En ese escenario, la aparición de una nueva asociación internacional de futbolistas puede tener varias lecturas.
La primera lectura es positiva: más voces pueden significar más representación. Si AIF logra construir una estructura independiente, democrática, transparente y verdaderamente conectada con l@s futbolistas, podría aportar competencia saludable al ecosistema sindical del fútbol.
Pero la segunda lectura es más compleja: la aparición de una nueva organización también puede fragmentar la representación de los jugadores en beneficio de otros actores del ecosistema deportivo, fortaleciendo indirectamente a los órganos de gobierno. En términos de política deportiva, la fragmentación rara vez es casual; con frecuencia responde a una estrategia que simplemente llega con “uniforme nuevo”.
El riesgo institucional para FIFPRO es latente. Si FIFA u otros organismos empiezan a reconocer, consultar o promover diálogos con AIF como una “representación alternativa” de los jugadores, FIFPRO podría ver debilitada su posición en negociaciones sobre calendario, descanso, salud, competiciones internacionales, fondos de garantía, derechos laborales y fútbol femenino.
Aganzo ha negado que Asociación Internacional de Futbolistas (AIF) sea una iniciativa respaldada por FIFA, aunque también ha defendido la necesidad de un diálogo directo con FIFA. Esa diferencia es importante. Dialogar con FIFA no es el problema. El problema sería que una organización de futbolistas pierda distancia crítica frente al poder regulador del fútbol mundial.
La creación de la AIF no debe interpretarse únicamente como una disputa personal entre dirigentes. Se produce en un momento en el que la voz de los futbolistas viene en alza ganando peso significativo a nivel global, lo que eleva el valor estratégico de su representación. En ese contexto, para los órganos de gobierno y en especial para la FIFA, resulta potencialmente beneficioso contar con contrapartes más alineadas con sus criterios, especialmente en la gestión y validación de decisiones dentro del ecosistema del fútbol
El foco inmediato se traslada ahora al 76.º Congreso de la FIFA que tendrá lugar en Vancouver el próximo 30 de abril. David Aganzo ya ha adelantado su intención de sostener un encuentro con Gianni Infantino para conversar sobre el posicionamiento de la AIF y el momento actual de los derechos de los futbolistas dentro del sistema global.
Al mismo tiempo, se habla de entre 15 y 20 sindicatos nacionales que estarían valorando su adhesión a esta nueva estructura. Esto convierte los próximos meses en un punto de inflexión donde se empiece a definir si la AIF logra consolidarse como un actor con peso propio… o si FIFPRO mantiene su rol como principal referente en la representación internacional de l@s futbolistas en un momento donde el calendario crece, las competiciones se multiplican y los intereses comerciales avanzan más rápido que la protección laboral.
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